Trump y Xi se reúnen en Pekín bajo la sombra de Taiwán y la guerra comercial

Donald Trump aterrizó el miércoles por la noche en la capital china para protagonizar la primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años. Este jueves, el mandatario republicano fue recibido por su homólogo chino, Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo, el edificio reservado para las grandes ocasiones políticas del gigante asiático, donde ambos líderes celebraron la primera sesión de negociaciones con sus respectivas delegaciones.

Un encuentro cargado de simbolismo y tensión contenida

Trump arrancó la reunión con un tono marcadamente conciliador. “La relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca antes”, afirmó el mandatario republicano en el primer intercambio de palabras abierto a la prensa, haciendo hincapié en el “honor” que le suponía la visita y en la buena sintonía personal que dice mantener con Xi. Al más puro estilo Trump, evocó la dinámica de sus comunicaciones directas. “Yo te llamaba y tú me llamabas. La gente no sabe que, cuando teníamos un problema, lo solucionábamos muy rápido”, declaró.

Por su parte, Xi Jinping optó por encuadrar el encuentro en una lectura más filosófica de la situación global. “Los cambios sin precedentes en un siglo se están acelerando”, señaló el líder chino, que convirtió esa frase en el punto de partida para una reflexión sobre la encrucijada histórica en la que, a su juicio, se encuentra el mundo. Xi lanzó entonces una serie de preguntas dirigidas implícitamente a Trump y a su delegación, planteando si ambas potencias serían capaces de superar la llamada “trampa de Tucídides” y construir un nuevo modelo de convivencia entre grandes potencias.

Taiwán, la línea roja que lo condiciona todo

Bajo el ambiente aparentemente cordial de la cumbre late una cuestión que Xi se encargó de situar en el centro del debate desde el primer momento. “Es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”, afirmó el presidente chino en referencia a Taiwán, según recogió la agencia oficial Xinhua. Xi advirtió de que un manejo inadecuado de este asunto podría llevar a ambos países a “fricción e incluso conflicto”, arrastrando el conjunto de las relaciones chino-estadounidenses a una situación que calificó de “extremadamente peligrosa”.

Trump, por su parte, confirmó que el asunto taiwanés formaría parte de las conversaciones, lo que pone de manifiesto que la cuestión no quedará relegada a un segundo plano pese al clima de entendimiento que ambas partes han querido proyectar de cara a la cumbre.

Comercio, tecnología y los grandes nombres del empresariado estadounidense

La Administración Trump ha subrayado el perfil económico del viaje. Entre los objetivos declarados figura lograr que China se comprometa a comprar más productos norteamericanos, especialmente los que en Washington denominan las tres B: granos de soja, ternera y aviones de Boeing.

Para reforzar ese mensaje, Trump viajó acompañado de un nutrido grupo de primeros ejecutivos de las principales multinacionales del país. Elon Musk (Tesla y SpaceX), Tim Cook (Apple), Larry Fink (BlackRock) y Jensen Huang (Nvidia) forman parte de una delegación empresarial que el propio Trump definió como “los mejores empresarios del mundo”, presentes en Pekín para trasladar a China su disposición a hacer negocios de forma “totalmente recíproca”.

Una cumbre con agenda densa y futuro incierto

La cita, que se prolongará hasta el viernes, llega después de que las dos mayores economías del planeta protagonizaran una intensa disputa arancelaria en 2025, cuya tregua fue acordada en octubre durante un encuentro celebrado en Busan, Corea del Sur. Además del comercio y Taiwán, los líderes abordarán previsiblemente la guerra de Estados Unidos en Irán, ante la que China ha expresado en numerosas ocasiones su rechazo, y Washington espera que Pekín ejerza presión sobre Teherán para reconducir las negociaciones de paz y reabrir el estrecho de Ormuz.

Xi cerró su intervención inicial con un gesto de apertura, expresando su intención de que la cumbre sirva para “orientar” las relaciones bilaterales y convirtiese el año 2026 en “un año histórico y emblemático” que marque el inicio de una nueva etapa entre ambas potencias. Si esa aspiración se materializa o queda en buenas palabras dependerá, en buena medida, de cómo ambas partes gestionen los asuntos que más los distancian.

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Cristina Pérez

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