Irán mantiene su intención de asumir un papel dominante en la gestión del estrecho de Ormuz, pese a las advertencias de Estados Unidos y a las negociaciones abiertas para recuperar la navegación en uno de los pasos marítimos más importantes del mundo. Teherán plantea a Omán un sistema que le permitiría controlar la entrada de barcos, supervisar las salidas y cobrar determinadas tarifas relacionadas con la seguridad marítima y la protección medioambiental.
La disputa se prolonga cinco meses después del inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Antes del conflicto, por el estrecho circulaba más de una quinta parte del petróleo mundial, pero el tránsito se ha reducido considerablemente desde febrero. Frente a las condiciones iraníes, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado con recurrir nuevamente a la fuerza militar si no se restablece pronto la libre navegación.
Aunque las autoridades iraníes aseguran haber flexibilizado su postura y renunciado a imponer un control absoluto, las propuestas negociadas con Omán continúan otorgando a Teherán una amplia capacidad de supervisión. El planteamiento permitiría a Irán administrar directamente la ruta utilizada por los barcos que entran en el golfo Pérsico.
En el caso de los buques que abandonan la zona, Omán se encargaría de emitir las autorizaciones, pero tendría que notificar previamente los movimientos a las autoridades iraníes. De esta manera, Teherán conservaría visibilidad permanente sobre el tráfico y la facultad de intervenir cuando considerase que existe algún riesgo para la seguridad de la navegación.
Trump mantiene abierta la posibilidad de nuevos ataques
Las negociaciones no han conseguido alejar por completo el riesgo de una nueva escalada militar. Trump ha advertido de que el estrecho será abierto próximamente, bien mediante un acuerdo o mediante una intervención contundente contra Irán.
La advertencia llega después de varios meses de enfrentamientos y bloqueos. Irán restringió el paso marítimo tras el comienzo de la guerra, mientras que Estados Unidos estableció su propio bloqueo para impedir la salida de embarcaciones iraníes. En julio, la tensión volvió a aumentar con 13 noches consecutivas de ataques estadounidenses.
El tráfico continúa muy lejos de recuperar la normalidad. Según los datos incluidos en la información de referencia, solo ocho barcos atravesaron Ormuz tanto el lunes como el martes anteriores, frente a los aproximadamente 140 buques que utilizaban diariamente el paso antes del conflicto. Los registros de Kpler también muestran una fuerte caída de los cruces y una concentración creciente de los barcos en la ruta establecida unilateralmente por Irán.
Pese a la incertidumbre, las declaraciones sobre posibles avances diplomáticos han reducido parcialmente la inquietud de los mercados. El barril de Brent se situaba alrededor de los 80 dólares, después de haber superado los 100 dólares en distintos momentos desde el inicio de la guerra.
Las tasas marítimas complican el acuerdo
Uno de los puntos más delicados es la posibilidad de establecer cobros por el uso del estrecho. La propuesta analizada contempla un corredor intermedio en el que podrían aplicarse tarifas por servicios de seguridad, asistencia marítima o protección del medio ambiente.
Irán había rechazado anteriormente un plan de Omán que proponía una gestión regional compartida y el cobro de tasas voluntarias. Teherán sostiene que la administración de Ormuz es una cuestión de soberanía que debe resolverse exclusivamente entre los dos países con costa en el estrecho.
Estados Unidos, por el contrario, reclama que todas las rutas permanezcan abiertas y que los barcos puedan navegar sin pagar peajes. Washington podría aceptar determinadas tarifas asociadas a servicios concretos, pero rechazaría cualquier sistema que convirtiese el paso en una fuente obligatoria de ingresos para Irán.
La presión económica también condiciona la posición de Teherán. Las sanciones estadounidenses y el bloqueo de sus puertos están provocando importantes pérdidas diarias, mientras Irán exige que cualquier acuerdo incluya la reapertura de sus instalaciones portuarias sin restricciones.
Las conversaciones entre Irán y Omán han permitido aproximar posiciones sobre las rutas de navegación, pero aún quedan cuestiones esenciales por resolver. El control del tráfico de salida, el alcance de las tarifas y las garantías de seguridad determinarán si el estrecho puede recuperar la actividad anterior al conflicto o si vuelve a convertirse en escenario de una nueva confrontación militar.